Volví. Me fue muy bien en Panamá, vi el mar Caribe de un lado del puente, el Pacífico del otro, en una ciudad que se construye verticalmente, conocí a una persona de una calidez tal, que me permitió ver que siempre lo mas bello es precisamente aquello que no se ve.
En Panamá revisaron todo mi equipaje por culpa de un talco para pies. Yo creo que la combinación talco para pies-colombiana les hizo sospechar. Por supuesto no solo revisaron todo mi equipaje sino al no encontrar lo que esperaban, rompieron el talco y lo introdujeron en mi maleta. Pasé varios días sacudiendo mi ropa y logré eliminar el polvillo blanco, aunque el olor mentolado permaneció algunos días.
A este inconveniente se le adicionó tener que esperar el interrogatorio durante dos horas en el aeropuerto de Cuba al grupo de colombianos, pero estos acontecimientos no opacaron mi alegría.
En Cuba estaba radiante. Feliz. Entré a un país totalmente extraño, diferente, que no tiene comparación con ningún otro, de personas con un alma limpia, con las cuales hice lazos de amistad que jamás había imaginado: Alberto, Marlen, Diana, Elier, Nobato... Me enamoré de la forma como disfrutan hasta los mínimos detalles de la vida, con esa capacidad de asombro que muchos ya perdimos. Mi corazón se quedó con ellos, pero me traje el de ellos a casa. Caminé por Santa Clara en la madrugada en calles oscuras y me acostumbré a no sentir miedo. Y aunque no comparto muchas de las políticas del régimen, y con otras me sentí identificada, aunque conocí a muchas personas que querían huir, puedo decir que me gustó no ver a niños pidiendo comida en las calles, ni muriendo de hambre como si pasa en mi país. Me disgustó el trato preferencial hacia el turista, para el turista siempre es lo mejor, por encima de todos. Pero son cosas que nunca llegaré entender de un pueblo que sobrevive al bloqueo.
Fui a playas de arena blanca, de un mar con colores verdeazulados, disfruté de la arena, del mar llevándose una a una las partículas de que se quedaban en mis dedos, disfruté del olor del mar, de la forma de las olas. Fui feliz.
Conocí también a un profesor quien espero sea mi tutor en la Universidad de Granada, algo así como un gurú en los temas de investigación en los que trabajo, quien luego de mi exposición se acercó a felicitarme. Osea, que si todo sale bien, viajaré a la madre patria en diciembre de este año a iniciar mi maestría.
Bailé mucho, tomé muchos mojitos, conocí personas de diferentes nacionalidades, abrimos nuestros corazones y mentes. Pasé días enteros sin dormir, trabajando en mis exposiciones, o escuchando el canto y la guitarra del trovador mientras nacía el día, o simplemente hablando, en español, inglés o portuñol. Al final recibimos muchas felicitaciones e hicimos contactos importantes.
Al volver, E me estaba esperando en el aeropuerto, me tenía muchas sorpresas en la casa, bombas, letreros de bienvenida, la nevera llena, la casa linda, y una declaración de su amor hacia mí como nunca antes lo había escuchado. Después de estas dos semanas de grandes emociones, tenía la sensibilidad alborotada.
Y caí. Caí otra vez rendida en las mieles del amor, de cuerpo y alma.
Permití que otra vez entrara en mi vida.
Permití ilusionarme otra vez.
Había logrado sentirme impermeable, invulnerable,
Deje avanzar la ilusión y el amor que alberga en mi alma y por dos días me permití pensar en un tal vez, un quizá, un de pronto.
Pero hoy en la mañana las cosas son distintas.
Me enteré que esta saliendo con una persona. Nuevamente, permití que rompiera mi corazón.
Durante mi estadía en Cuba descubrí que tengo que tomar decisiones importantes, vitales para mi vida futura:
- debo darle punto final a mi relación con E, debo cerrar esa puerta definitivamente.
- tengo que buscar mi lugar en el mundo, donde sea feliz, porque este lugar no es aquí, ni ahora.
